Tenemos la sensación de que nuestro cerebro existe en un estado de espléndido aislamiento, que su naturaleza fundamental es inmune a los caprichos de nuestro día a día. Si bien sabemos que nuestro cerebro es un monitor exquisitamente sensible de la experiencia, queremos creer que está más allá de la influencia de la experiencia. Queremos creer que las impresiones que nuestro cerebro registra como sensaciones y almacena como recuerdos no dejan huella física en su propia estructura. Creer lo contrario, nos parece, pone en tela de juicio la integridad del yo.
Eso fue sin duda lo que sentí yo cuando me empecé a preocupar porque mi uso de Internet pudiera estar cambiando la forma en que mi cerebro procesaba la información. Me resistí a la idea en un principio. Parecía absurdo pensar que jugando con un ordenador, una simple herramienta, pudiera alterar de ninguna manera profunda o duradera lo que estaba pasando dentro de mi cabeza. Pero me equivocaba. Como han demostrado los neurólogos, el cerebro -y la mente que alumbra- es una tarea en constante progreso. Esto no sólo se cumple para cada uno de nosotros como individuos. Se cumple para todos nosotros como especie.
Superficiales. ¿Qué está haciendo Internet con nuestras mentes? Nicholas Carr
Considerar Superficiales un simple ataque a Internet sería ofrecer una visión demasiado simple del libro. Es más bien un análisis sobre la plasticidad cerebral y el impacto de la tecnología en nuestros procesos mentales.
Internet no ha sido el único adelanto que ha afectado al cerebro humano y por tanto a nuestra manera de pensar. Pero sí va camino de convertirse en el más influyente: a medida que la red se integra en más aspectos de nuestra vida diaria, también modifica más y más actividades mentales, que se adaptan a las nuevas circunstancias. Esta maravillosa capacidad de nuestro cerebro para cambiar sus procesos, incluso cuando somos adultos, nos está alejando de la reflexión, la lectura calmada y profunda, la contemplación. Los excesivos estímulos con los que bombardeamos a nuestras neuronas cuando navegamos nos están convirtiendo en realidad en unos seres distraídos y olvidadizos.
Renunciar a Internet es prácticamente imposible hoy en día. Sí está en nuestra mano reflexionar sobre su uso y considerar hasta que punto queremos vivir nuestra vida en un ordenador.